viernes, 4 de mayo de 2018

Desarrollo personal

Ya decía Platón que el ser humano vive encadenado, desconocedor de la verdad e inmerso en una gran oscuridad ante la que sólo distingue sombras confusas. Mas llega un momento en el que ha de abrir los ojos y salir a la luz, a la realidad del mundo. 
Yo misma he llegado a una conclusión similar, y puedo decir sin miedo a equivocarme que todos experimentamos dicho cambio en nuestro interior. No hablo necesariamente de la verdad absoluta del mundo y el cosmos, sino más bien de la que hay en uno mismo, de la difícil decisión de dejar atrás la propia mentira que adoptamos como cierta para consolarnos o para ser felices. La vida es incierta y nuestro destino es avanzar por ella a ciegas, aunque ello no quiere decir que debamos permanecer impasibles ante lo que experimentemos, más bien todo lo contrario. 
Supongo que lo que intento decir es que llega un momento en el desarrollo de cada persona en el que decides actuar y dejar atrás algunas cosas. Y sí, da miedo aceptar el olvido, recordar que nuestra mirada tiene que volver a enfocarse sobre ese punto del horizonte que parecía haberse borrado de nuestra memoria. Pero en ocasiones es necesario dejar de aferrarse a aquello que permanece a nuestras espaldas, pues es el único modo de evolucionar y seguir aprendiendo de los errores.           
Quiero creer que mi vida es algo más que un proceso cíclico ante el que doblegarme. Prefiero pensar que yo misma construyo mis pasos hacia delante y que nadie me retendrá a menos que yo lo permita  -cosa que no haré-. Al fin y al cabo, no nos definen las cosas que nos ocurren, sino cómo reaccionamos ante ellas y cómo decidimos enfocar nuestra visión a partir de ello.                                 

Hoy yo tomo las riendas de mi vida. Hoy yo elijo progresar y crecer.

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