jueves, 20 de octubre de 2016

Realidad.

¡Cruenta realidad! ¡Desdicha divina!
¿Acaso osas enterrarme cual cadáver?
¿Acaso te crees con derecho a crear mi final?
Óyeme, tú, triste oscuridad, pues no hay más luz en el sol que en el alma, ni más belleza en la flor que en el ideal.
Óyeme, tú, que tratas de esconder tus malvadas intenciones a la espalda: el fuego no combate al hielo, ni a la inversa.
Así pues, mi desaparición no hará tu dicha, ni mi muerte tu vida eterna,
asume así que en este mundo irracional ambos somos complementarios y dependientes.
Sueña cuanto quieras con destrucción, pues toda belleza ha de recomponerse de sus cenizas, cual ave fénix renaciendo.
Óyeme, tú, que tu odio fomentará mi pasión y tu miedo mi consuelo,
no pienses siquiera que mi embotellamiento te traerá ventura ni gozo,
y agradece que mi clemencia te otorgue libertad, pues a veces es más osado el corazón que la realidad.