Vuela. Vuela como si nunca más fueses a pisar el cielo, como si no existiese una meta ni un lugar al que llegar, porque sólo de ese modo lograrás avanzar sin entorpecer tu camino, sin mirar atrás, hacia la tierra que tan deseperadamente parecía querer enterrarte junto a sus raíces.
Mira hacia la luna y llámala a gritos, para que vea lo mucho que asciendes, para que contemple tus alas desempolvadas y llenas del fulgor que sólo los ángeles aspiran a poseer.
Y en tu ascenso al infinito párate a contemplar los pájaros que se elevan agitando sus alas bajo la armoniosa melodía que emite el mundo; acaricia las nubes que te sirven de lecho para descansar y que te cobijan de la tormenta y, sobre todo, déjate llevar por las estrellas que iluminan tu paso, pues si bien anclarte toda la vida a su luz no es una opción aconsejable, sólo un necio pasaría por su lado sin admirar la belleza refulgente y sobrenatural que parece desprenderse de su pureza.
No persigas un destino, conviértete en él y bebe del brebaje divino que emana a raudales del mundo, ese que te confiere el poder que nadie más tiene para ver lo que los ojos normales no pueden ver, para oír lo que los oídos no oyen y para sentir aquello que sólo tú puedes sentir.
Captura el silencio, ese que a pesar de portar su nombre, es más sonoro que el ruido más estridente que jamás pudieras haber escuchado. Y no pienses que esto que digo es cosa de locos, pues sólo aquel que es capaz de oír el silencio, de palpar sus acordes, puede de verdad observar más allá de las finas hebras que componen el universo y de imaginar para sí una realidad paralela que parece escurrirse entre los dedos.
Y vive. Vive como si tus latidos bombardeasen tu pecho con la fuerza de un tambor que anuncia la muerte. No desesperes en tus intentos por encontrar esa puerta escondida que te lleva al verdadero mundo al que perteneces. Porque nuestra existencia no es sólo lo que en una habitación se guarda, sino lo que está fuera de ella.
Deja que tu mente se libere y que la verdadera vida comience ahora. Deja de intentar controlar el mundo y permite que sea él quién te lleve consigo.
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