lunes, 5 de septiembre de 2016

Realidad.

En ocasiones el recuerdo nos puede jugar malas pasadas. Un sentimiento olvidado, una canción que dejó de sonar, un olor que acude de nuevo a nuestra nariz o un simple sueño que vuelve para atormentarnos. Es la cruz de la vida humana, el peso sobre nuestra espalda.
Siento el tacto de lo perdido y mi mente no puede evitar vacilar, mis pies se paran, tiemblan ante lo desconocido, quieren retroceder y volver a sentir la brisa de lo vivido.
A veces estas cosas pasan. Crees que lo has superado, crees que se convirtió en una mera anécdota de la que podrías hablar a tus hijos, y luego... luego vuelve con la fuerza de un huracán y te arranca de la tierra, te hace sentir despierta como si el tiempo pasado hubiera sido una siesta, te deja sin aliento y todo lo demás desaparece. Vuelas sobre una nube de incertidumbre e ignorancia, dejas que el aire acompase tus latidos y cierras los ojos, suspiras. 
Y te despiertas.
Lo real fue un sueño. Vuelves a tu vida, a tu certeza y a tu cuerpo. Olvidas de nuevo y es como si el alma se volviese a quebrar. Pero no pasa nada. De eso trata el aliento humano, para eso sirve la mente, para enmendar, para ver con otros ojos y sentir con otra piel. Eres alguien nuevo y te das cuenta de que el sueño y todas sus experiencias, tan sólo fueron un eco de tu interior, un grito tras las verjas por volver a algo que en realidad se tornó oscuro hace tiempo, algo que una parte de ti trata de negar y que sin embargo sabe que es verdad.

En ocasiones me siento viva. Y luego me doy cuenta de que tan sólo es un síntoma.

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