Estoy cansada. Cansada de sentir cada día el peso de una deuda inexistente con la sociedad. De que la actualidad me engañe haciéndome creer que mi obligación es dar parte de vida a través de fotos que no me definen, para hacer ver a los demás que así es. Estoy harta de sentir que el mundo me rechazaría si no tuviera una cuenta en Instagram, Facebook o Twitter, y de callarme ante las personas que fingen conocerme por mis posts o comentarios en redes sociales.
Parece que cada vez se nos valora más por nuestra repercusión en la red y no por nuestras habilidades o forma de ser. Y nosotros mismos vamos encerrándonos poco a poco en una burbuja cuyo tamaño va reduciéndose, hasta el punto de asfixiarnos todo lo posible y terminar cediendo ante el patrón casi dictatorial que nos subyuga.
Hoy en día todo el mundo actúa de manera que si no existes en Internet, no existes en absoluto; y no se te ocurra siquiera imaginar que tu opinión vale algo si no tienes likes que la respalden. Nuestros ojos ya sólo conocen la realidad virtual y una relación humana se mide en fotos compartidas y horas hablando por WhatsApp.
Yo me he cansado. Me he cansado de que mi mente se retuerza ante las normas invisibles que respiramos a cada segundo y de que las cosas que no publicas no cuenten. Me he cansado de tener en mi vida cosas y personas que no me aportan nada, de vivir en una sociedad consumista que te incita a gastar y comprar cosas que no necesitas, como si una sólo fuese bonita cuando lleva la camiseta adecuada o los pantalones que le hacen mejor culo.
Decidme, ¿qué hay de las cosas de verdad? aquellas que provocan los mayores sentimientos pero que tan pocas personas saben apreciar. Por ejemplo, ¿qué ocurre con los amaneceres puros? esos que no tienen una línea gris de contaminación que les precede. Los que te vas a ver a las siete de la mañana por placer y contemplas sin necesidad de sacar tu móvil para enseñárselo a los demás. Esos que te transmiten libertad, pureza.
¿Y las sonrisas? Pero no esas de los selfies que pretenden decir "soy muy feliz" pero que transmiten todo lo contrario. No. Yo hablo de las sonrisas a escondidas, las carcajadas con tus amigos, las lágrimas de felicidad, la risa entre beso y beso en una noche de verano... Las que enmarcan los mejores recuerdos y que vuelven con la fuerza de un huracán cuando las revives en tu mente.
¿Y las sonrisas? Pero no esas de los selfies que pretenden decir "soy muy feliz" pero que transmiten todo lo contrario. No. Yo hablo de las sonrisas a escondidas, las carcajadas con tus amigos, las lágrimas de felicidad, la risa entre beso y beso en una noche de verano... Las que enmarcan los mejores recuerdos y que vuelven con la fuerza de un huracán cuando las revives en tu mente.
A mí me gusta sentir el viento en el rostro sin pensar en cómo quedará mi pelo después, me gusta mirar las estrellas por las noches, escuchar el silencio que se cierne sobre los árboles en un día despejado y hacer viajes con mis amigos sin tener que documentarlo.
¿Y dónde han quedado los días de borrachera? Pero los de verdad, no los que te grabas con tus amigos para subir a Instagram y demostrar a gente que no te importa algo que no les importa. Cuando te despiertas a la mañana siguiente con una resaca monumental, pero con una sonrisa de oreja a oreja porque lo único en lo que te centraste fue en pasarlo bien y no en llamar la atención de nadie.
Esas cosas. Las que parece que no existen en las mentes de la gente y que, pese a ser las realidades más naturales y divinas, no son relevantes para el mundo en el que vivimos.
Esas cosas. Las que parece que no existen en las mentes de la gente y que, pese a ser las realidades más naturales y divinas, no son relevantes para el mundo en el que vivimos.
Ay, sociedad, qué necesaria eres pero cuánto mal causas. La verdad es que nosotros formamos la comunidad en la que vivimos, y por lo tanto, somos nosotros los que la moldeamos.
En absoluto quiero hacer pensar que es malo tener redes sociales o hacer lo que a cada uno le dé la real gana, pero sí que quiero hacer constatar que cada vez nos damos menos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor, intentando demostrar al resto cómo vivimos sin vivir realmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario