lunes, 19 de septiembre de 2016

PAUSA.

Respiré. Una. Dos. Tres veces.
Mi corazón palpitó. Una. Dos. Tres veces.
Y luego... luego todo se acabó.
La bombilla explotó, la corriente cesó, el viento amainó y el fuego se extinguió.
Deseé estar muerta, que mi vida se hubiera esfumado. Pero no. Bien sabía yo que no. Tan sólo era una pausa, como la que hay entre cada tic y cada tac de un reloj, como la que se crea entre el sonido de cada cuerda de una guitarra o como la que se forma por cada batir de las alas de un pájaro. Tan sólo era eso, un momento, un instante de inexistencia, un excitante segundo de ingravidez.
Y luego... luego todo volvió.
Y mi mente se reinstauró.
                                                                                          

No hay comentarios:

Publicar un comentario