miércoles, 21 de septiembre de 2016

Nacido del desierto.


Existió una vez hace mucho tiempo un chico que nació del desierto.

La arena se alzó y el sol la moldeó, dándole la forma de un hombre.

Hecho a base de calor y fuego, fue condenado a vagar por el desierto,

Siempre sediento, pero sin poder morir nunca.
Caminaba y caminaba y en su camino agua nunca hallaba.

Los oasis se alejaban a cada paso, cuanto más cerca parecían estar, más enloquecido caía.

Era como si la versión más grotesca de aquel paraje sin vena surgiese cada vez que él avanzaba.
Se dice que aún hoy en día vaga por las dunas de la arena,

Prisionero de una necesidad primaria,
Pero sin alcanzar la paz eterna.

Otra gente opina que el agua es símbolo del amor humano: un fantasma que se aleja cuando lo tienes entre las manos.

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