martes, 22 de octubre de 2019

Lo sé


Querido amor de mi vida:
La primera vez que te miré a los ojos lo supe. Las motas doradas de tus iris se lo susurraron a mis pupilas con indiscreción, tus labios lo escribieron sobre mi frente y tu media sonrisa firmó la sentencia. Así, cada una de tus caricias recorre las líneas que el destino traza sobre nuestras pieles y cuando cierro los ojos sobre tu pecho lo sé, sé que estamos condenados a las tempestades del dolor y el duelo. Sé que nuestros corazones se refugian bajo la burbuja de los latidos de la esperanza, creando un escudo ante el que protegerse de la devastadora realidad que nos acecha. Y cuando percibo tu respiración bajo mis párpados, sé que el tiempo contiene el aliento, dejando tras de sí cientos de suspiros como evidencia.
Pero cada vez que tu risa y la mía se unen, formando la más bonita de las melodías que he escuchado, sé que los rayos de sol desafían con firmeza a los truenos que anuncian tormenta. Así, no importa cuán devastador parezca el horizonte, seguiré la hoja de ruta que marcan los lunares sobre tu piel, trazando un mapa hasta el lugar exacto en el que se aloja tu alma. Y qué más podría decirte, si los dioses mismos me lo han susurrado al oído: el verdadero amor no consiste en andar sobre caminos de amapolas, sino en convertir las tierras yermas en campos de cultivo. Sólo aquellos que se aventuran a sentir sin miedo, a saltar sin impulso y a volar sin alas, son los afortunados que merecen los latidos alocados de un corazón enamorado. Quién soy yo para negar la palabra de los divinos.
En definitiva, Mi Amor, solo quiero decirte que, aunque los vientos de la vida nos empujen en direcciones distintas, desafiaré al mismísimo Eolo y liberaré a los temidos Anemoi para que soplen a mi antojo. Y, si al final del huracán me esperan tus labios, merecerá la pena el vaivén de este vuelo desenfrenado.

sábado, 18 de mayo de 2019

La importancia de saber contra quién luchar

He visto la cara oculta de la luna y se asemeja bastante a tu media sonrisa, esa que disimulas cuando no quieres delatar la luz que sé que hay en tu alma, esa que te da miedo enseñar demasiado por si se hace añicos. He contemplado la chispa de tus ojos bajo el ceño fruncido que trata de ocultarla, y es esa misma la que enciende cada terminación nerviosa de mi cuerpo.
Dime, entonces, que saborear tus labios no es como descubrir Júpiter, pues no te creeré, ya que yo misma he visitado cada uno de tus satélites, y enmarcan a la perfección la constelación que generan tus caricias. Cassiopea te observa con envidia. Y sé que estás convencido de la existencia de tormentas bajo tu piel, y, pese a que yo he conocido tus truenos en mis propios labios, también he volado sobre las estrellas fugaces que desprendes cuando sueñas.
Me describiste tus demonios para alejarme, pero ni siquiera el mismísimo Lucifer conviviendo bajo tu techo lograría que olvidase el paraíso que construyen tus palabras. Así que dime, ¿cuántos meteoritos más lanzarás para evitar que aterrice en los anillos de tu Saturno? ¿cuántas miradas desviadas más fingirás para hacerme creer que no eres para mí?
Lucha, lucha contra ese huracán que tú mismo has creado, pues al final todas las guerras que creías librar contra mí son en realidad duelos que encarnas contra tu propia persona. Y mira bien en derredor, no pierdas la atención, porque quizá ese viento que tanto empeño pones en crear dé resultado, y termine yéndome, arrastrada por la brisa y mecida por las olas...
Te darás cuenta entonces de que el caos no se fue conmigo, ya que en realidad nunca existió. Los vendavales continuarán su embestida y únicamente cuando el último de tus gritos se transforme en suspiro, se irán para siempre.
Y después, cuando tus ojos se alcen al cielo preguntándole al tiempo por qué me llevó consigo, serás consciente de que fuiste tú quién me arrojó a sus brazos. Y mientras, fui yo la que encontró en el paso de los días el anhelo que tanto andábamos buscando.

lunes, 4 de febrero de 2019

El sentido de la vida

La vida no es un vídeo de Youtube. La vida no va a pararse cuando le das al botón de "pause" ni va a reiniciarse si pulsas f5. La vida es el autobús que se te escapa mientras corres hacia él, dejándote en tierra si no te apresuras, con el ceño fruncido y la frustración acongojándote el alma.
Es por eso que el tiempo es el hilo conductor de todos y cada uno de nosotros, porque no distingue, porque no entiende de plegarias ni deseos, simplemente es tal cual se nos presenta, sin disfraces ni promesas. He aquí la razón de vivir. La razón por la cual el dicho "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" cobra significado.

Por eso he aprendido que nada dura para siempre, y las oportunidades menos que cualquier cosa. Por eso, en vez de andar, vuelo (o al menos lo intento). Por eso en vez de contemplar, actúo y prefiero llorar a no sentir nada en absoluto. Me levanto todos los días y me aseguro: "Hoy es tu día. Hoy estarás más cerca que ayer de conseguir tus objetivos. Este es el camino correcto: el del esfuerzo y el del sentir".
Y eso me ha llevado a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida: a oler una flor que se cruza en mi camino, a besar a esa persona que hace que mi alma se encienda un poco, a pedir perdón, a acariciar al perro de mi vecina, a decir "te quiero", a bailar aunque me dé vergüenza, a pasar frío solo para ver las estrellas, a comer esa comida que nunca antes había probado. Eso es la vida. Aprender. Experimentar. Hacer caso al corazón, pues no hay persona ni realidad más sabia que él. Al final, te arrepientes más de no haber hecho caso a tu interior que de no haber escuchado a la razón, pues esta última no te hace temblar de emoción como lo haría el primero.
Y todo esto lo digo para dar un único consejo a quien decida leerme: Exacto. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No te arrepientas de seguir a tu alma. Si hay algo que está escondido en ese cajón secreto de tu corazón, quítale el polvo y llévalo a cabo. Quién sabe, quizás no tengas más oportunidades en el futuro, quizá tu tiempo de reacción tiene un límite. La eternidad no existe más que para el tiempo, una realidad muy lejana a nuestro entendimiento, créeme. Así que hazlo. Sin pensar. Nunca será mejor momento que ahora. Si ese pensamiento ha cruzado tu mente, seguramente sea porque es algo que tu intuición te grita que necesitas. Ese deseo oculto, ese "te quiero" que casi se escapa de entre tus labios, esa actividad que siempre has querido hacer, eso que tu "yo" más profundo te reclama y te esfuerzas por encadenarlo y no dejarlo salir. No lo hagas. Libéralo. Déjate ser tú mismo. Mientras sea lo que sientes profundamente, estará bien. Y será entonces cuando te encuentres a ti mismo, cuando puedas respirar de alivio y decir:

                                                             "Ahora todo tiene sentido".