viernes, 11 de noviembre de 2016

Viento.

Siempre quise ser viento. Pero no solo una brisa, sino también un huracán.
De esos que te alborotan el pelo y el alma. De esos que crees que te van a hacer volar.
Me gustaría poder fundirme en el aire de noviembre y convertirme en parte de él. Poder ser el viento que mueve las olas del mar o el que hace que el fuego chisporrotee. Ese qué sientes tan dentro que crees que va a vaciarte entero.
El que agita los árboles, el que dificulta el vuelo. También el que te trae el olor de la lluvia o el que acompaña las carreteras.
Ese tan frío y helador procedente del Pirineo, incluso el suave y sencillo cierzo de verano.
El huracán de Montana, el que no deja rastro ni cuerpo.
Simplemente ser infinito, seguir mil direcciones y no llegar a ningún destino.
 Simplemente ser, sentir y vivir.
Simplemente ser impredecible, incontrolable, salvaje y suave.
Quiero ser viento, quiero ser el tiempo. Quiero ser la causa y el efecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario