miércoles, 1 de marzo de 2017

Intangible.

Me permití experimentar el ardiente deseo de quemarme a fuego lento sobre las brasas de lo incierto, de desinhibirme bajo los dulces efectos que provocan en mí los caminos tortuosos en las noches de ideas esquivas, de sombras luminosas que inciden en nuestro paso.
Me introduje de lleno en el mar embravecido, buscando, o más bien, perdiendo, esa esencia propia de los infiernos apocalípticos, de los submundos encolerizados, aquella que los ángeles dorados rehúyen por miedo a quedar consumidos y razón eterna por la que esos mismos han caído.
En definitiva, me dejé sucumbir a los sueños de Hiperión, descansando sobre el caos que generan los mundos partidos, hallando mi propia lavanda en un reloj de arena que no avanza y en los "dioses malditos" de un barco que naufraga.
Le grité a la luna, le pedí respuestas, quise volver a caer en el infinito placer que supone contemplar su mundo de estrellas. Quise dejarme abrazar por las olas que reflejan su figura y quedar arrasada por los alientos de los divinos escribiendo las líneas que componen nuestro destino. Porque no es más que eso, una carta escrita que se envió a lugar perdido en el que nadie la leyó, versos y palabras que componen un final que nunca sucederá y juegos inmortales de un corazón que nunca latirá.


--------------------------------------------------------------------------------------


Aclaraciones:
-Hiperión es el titán de la observación en la mitología griega y suele estar asociado al movimiento del sol, de la luna, de las estrellas...
-La alusión a la lavanda se debe a que ésta posee propiedades para dormir y reducir el insomnio.
-Con los "dioses malditos" hago referencia a los dioses menores de la mitología griega, que los he apodado de ese modo yo misma debido a que tienen menor consideración.